Lo paradójico es que el arresto demostró que los titiriteros tenían razón, o al menos eso esgrimen ellos en su defensa. La ley antiterrorista en España permite la caza de brujas. Y no se trata de un hecho aislado. Lo sucedido con estos jóvenes el 6 de febrero forma parte de una serie de hechos que ha desatado un debate sobre las amenazas a las libertades de manifestación y expresión en España y, por extensión, en una Europa que le teme al terrorismo.
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noticia original (www.nytimes.com)
