La negativa sistemática del Ayuntamiento de Santander, y de su alcalde, el âpopularâ Íñigo de la Serna, a aplicar la Ley de la Memoria Histórica desde que se aprobara en 2007 ha provocado que en la capital cántabra existan todavía una treintena de calles con nombres franquistas, además de ser la ciudad europea con más fosas comunes.
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