Nuestros abuelos tuvieron que tragar con la Ley de Reforma de la Enseñanza Media de 1938, promulgada antes del fin de la Guerra Civil, y que desarrolló un nuevo sistema educativo basado en el muy poco alegre nacionalcatolicismo. Una ideología que poco tenía que ver con esas tonterías hippies de âamar al prójimoâ y âperdonarâ y que, en cambio, se basaba en el patriotismo españolista y en la obediencia a Franco y al resto de sus colegas de los poderes fácticos, es decir a la policía, al ejército y a la Iglesia en su versión más integrista.
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